Juan Tamariz: El Genio que Nos Tomó el Pelo con Arte y ¡Chan-tatachán!

Amigos cinéfilos, o en este caso, ¡magiófilos! Hoy no venimos a hablar de celuloide, sino de un auténtico director de la percepción, un guionista de la sorpresa que nos dejó con la boca abierta durante décadas. Y sí, hablo del inigualable Juan Tamariz, que nos abandonó este 18 de agosto de 2026 a los 83 años, dejando un vacío que ni el mejor truco de desaparición podrá llenar. Este hombre no hacía trucos, señores, hacía cine en vivo, con una baraja como su cámara y nuestra mente como la pantalla gigante.

Tamariz no era un mago cualquiera, de esos que te hacen el truco de la moneda y ya. ¡Qué va! Él era una fuerza de la naturaleza, un torbellino de melena, sombrero y ese grito inconfundible de «¡Chan-tatachán!» que era pura marca registrada. Especializado en cartomagia, magia de cerca y mentalismo, su estilo era una mezcla explosiva de técnica impecable, un humor desternillante y una aparente anarquía perfectamente calculada que te arrastraba al asombro sin que supieras cómo. ¿Quién no recuerda sus apariciones televisivas, desde el mítico Un, dos, tres... responda otra vez como Don Estrecho, hasta sus propios programas como Magia Potagia o Chantatachan? Tamariz convirtió la televisión en su escenario personal, llevando la magia a millones de hogares y haciendo que lo imposible pareciera una charla de sobremesa.

Pero que su carisma no nos engañe, porque detrás del personaje estrafalario había un cerebro brillante. Juan Tamariz fue un teórico de la magia de altura, un estudioso de la psicología del engaño que revolucionó la forma en que los magos entendían su arte. Sus libros, como La Vía Mágica o Los Cinco Puntos Mágicos, son biblias para cualquier ilusionista que se precie, explorando la estructura y la filosofía detrás de cada truco. De hecho, fue cofundador de la Escuela Mágica de Madrid en 1970/1971, convirtiendo la capital española en un epicentro mundial del ilusionismo y formando a generaciones de magos. No por nada David Blaine lo llamó «el mago de cartas más grande e influyente vivo». Y si eso no te convence, su Primer Premio Mundial de Cartomagia en París en 1973 debería bastar para cerrar cualquier debate.

Y aquí viene lo bueno para los puristas del cine: antes de que las cartas dominaran su vida, Tamariz se metió a estudiar en la Escuela Oficial de Cine. ¡Imagínense! Dirigió dos cortometrajes, Muerte S. A. (1967) y El espíritu (1969), donde, ojo al dato, hizo la primera aparición cinematográfica de la gran Carmen Maura. No terminó la carrera porque la escuela cerró, pero su paso por el séptimo arte no fue en vano. Su magia era, en esencia, dirección de cine aplicada a la realidad: manipular la percepción, construir narrativas en la mente del espectador, hacer que vieras lo que él quería que vieras. Juan Tamariz no solo fue un mago; fue un artista total, un maestro de la ilusión que con su ingenio y su desparpajo nos recordó que la vida, al final, es el mejor de los trucos. ¡Adiós, maestro! Gracias por la magia.