El 'Último' Baile de Tarantino: ¿En 2027 o Nunca?
Amigos cinéfilos, o más bien, víctimas de la eterna espera, “El Perro Rabioso” les trae las últimas (y exasperantes) novedades del show de Quentin Tarantino y su supuesta décima y última película. Según el aclamado director de fotografía Robert Richardson, un colaborador habitual de Tarantino, podríamos ver el inicio del rodaje de este mítico proyecto en el verano de 2027. Pero antes de que salten de alegría, déjenme decirles que el propio Richardson admite que nadie sabe lo que va a hacer el director, ni siquiera él mismo. Al parecer, el genio detrás de Pulp Fiction está más ocupado con una obra de teatro, The Popinjay Cavalier, programada para enero de 2027 en el West End de Londres, que con su despedida cinematográfica. Una excusa como cualquier otra, ¿no creen?
La historia de Tarantino y su regla de las diez películas y me retiro es ya una leyenda urbana en Hollywood, un mantra que repite con la devoción de un fanático religioso. Con Once Upon a Time in Hollywood (2019) contada como su novena obra (porque, claro, las dos partes de Kill Bill son una sola para él, qué conveniente), la presión por la décima es monumental. Es como si el tipo se hubiera metido en un callejón sin salida con sus propias reglas. ¿Será que teme que su obra final no esté a la altura del bombo que él mismo ha creado? La verdad es que, a este paso, su legado podría definirse más por su indecisión que por sus diálogos ingeniosos.
Y hablando de indecisión, recordemos el fantasma de The Movie Critic. Este proyecto, que iba a ser su gran adiós y hasta tenía a Richardson listo para encender las cámaras, fue abandonado en 2024. Tarantino, con una llamada telefónica, le dijo a su fiel director de fotografía que no la voy a hacer, he escrito un nuevo guion. Ah, pero la cosa no quedó ahí. El reemplazo, The Adventures of Cliff Booth, una especie de spin-off de Once Upon a Time in Hollywood, también se fue al garete, en parte porque Brad Pitt estaba ocupado jugando a ser piloto de Fórmula 1. Parece que hasta los planes de Tarantino tienen más giros que un capítulo de sus propias películas, pero con menos explosiones.
Ahora, la nueva distracción es una obra de teatro, una farsa británica ambientada en la década de 1830. Richardson sugiere que el rodaje de la décima película podría depender de cómo le vaya a esta obra. ¿En serio? ¿Una farsa teatral como trampolín para la obra maestra final de uno de los directores más influyentes de nuestra era? Suena más a un intento desesperado por ganar tiempo, una patada hacia adelante para no enfrentarse a la realidad de que, quizás, no tiene la idea perfecta para cerrar su carrera. O tal vez, y esto es solo una opinión de este perro viejo, ya se ha dado cuenta de que la regla de las diez películas es una tontería y no sabe cómo salir de ella con dignidad.
Así que, mientras Tarantino juega a ser dramaturgo, nosotros seguiremos esperando el gran final que, a este ritmo, podría llegar cuando ya estemos todos en la residencia. La idea de un cineasta retirándose en la cima es romántica, sí, pero la realidad es que Quentin parece más un boxeador que no quiere colgar los guantes por miedo a que se le olvide cómo dar un buen golpe. Su última película es ya más un concepto que una realidad, una zanahoria que nos cuelga para mantenernos atentos. Personalmente, me huele a que este perro rabioso aún tiene cuerda para rato, pero quizás en forma de libros, podcasts o, quién sabe, ¡una serie de televisión! La pantalla grande, sin embargo, parece estar esperando un adiós que nunca termina de llegar.














